Ahora no sé cómo continuar la
historia. Mejor dicho no me apetece continuar, los recuerdos son muy
desagradables, pero estoy comprometido con el blog y seguiré hacia adelante.
Tras la visita al neurólogo, mi vida cambió radicalmente, habiendo un antes y un después. Un antes del Parkinson y un después del Parkinson. Ya nunca podría vivir sin la fatídica palabra, ella me acompañaba a todas parte, por mucho que lo intentaba no lograba quitármela de mi pensamiento. Si estaba comiendo, allí estaba; si iba al cine, allí estaba; si me duchaba, allí estaba.
Fueron días muy tristes, no lograba asimilar la enfermedad que me había tocado vivir. Aquello debería ser un sueño, una mala pesadilla, que no me podía estar ocurriendo. Analicé mi vida en repetidas ocasiones y algo muy malo debería haber hecho para recibir tal castigo. Pensé en las personas que padecían otro tipo de enfermedad, posiblemente más severa, como el cáncer. A dos amigas mías les habían extirpado un pecho. Aquello si era un castigo, pero también me decía que con seguridad dentro de unos años será un mal recuerdo vivido, pero yo nunca podría deshacerme del Parkinson, me acompañaría hasta la tumba.
Estaba muy enfadado, muy resentido, muy cabreado. Por qué a mí me tenía que haber ocurrido. Siempre me había cuidado mucho, haciendo deporte, no fumando, no bebiendo. Vaya mierda de vida, continuamente luchando y ahora que parecía que los problemas se habían solucionado surge repentinamente el Parkinson. Odiaba la maldita palabra. Parkinson. Nada me consolaba, y sin embargo sabía que no podía rendirme, siempre a lo largo de mi existencia le había plantado cara a todas las desgracias y ésta no iba a ser distinta. Algún medio debería haber para encontrar una salida, cualquier problema tiene una solución, pero yo no la localizaba.
Tras la visita al neurólogo, mi vida cambió radicalmente, habiendo un antes y un después. Un antes del Parkinson y un después del Parkinson. Ya nunca podría vivir sin la fatídica palabra, ella me acompañaba a todas parte, por mucho que lo intentaba no lograba quitármela de mi pensamiento. Si estaba comiendo, allí estaba; si iba al cine, allí estaba; si me duchaba, allí estaba.
Fueron días muy tristes, no lograba asimilar la enfermedad que me había tocado vivir. Aquello debería ser un sueño, una mala pesadilla, que no me podía estar ocurriendo. Analicé mi vida en repetidas ocasiones y algo muy malo debería haber hecho para recibir tal castigo. Pensé en las personas que padecían otro tipo de enfermedad, posiblemente más severa, como el cáncer. A dos amigas mías les habían extirpado un pecho. Aquello si era un castigo, pero también me decía que con seguridad dentro de unos años será un mal recuerdo vivido, pero yo nunca podría deshacerme del Parkinson, me acompañaría hasta la tumba.
Estaba muy enfadado, muy resentido, muy cabreado. Por qué a mí me tenía que haber ocurrido. Siempre me había cuidado mucho, haciendo deporte, no fumando, no bebiendo. Vaya mierda de vida, continuamente luchando y ahora que parecía que los problemas se habían solucionado surge repentinamente el Parkinson. Odiaba la maldita palabra. Parkinson. Nada me consolaba, y sin embargo sabía que no podía rendirme, siempre a lo largo de mi existencia le había plantado cara a todas las desgracias y ésta no iba a ser distinta. Algún medio debería haber para encontrar una salida, cualquier problema tiene una solución, pero yo no la localizaba.
Es logico que estes asi ,enfadado con todos y con todo pues te preguntaras mil veces ,que echo yo para que tenga esta enfermedad.Tienes que vivir tu duelo pero todo duelo tiene su fin ,no siempre puede estas compadeciendote,vive.
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